” Cuando llegó a la región de Cesaréa de Filipo,  Jesús preguntó a  sus discípulos:  ¿ Quién dice la gente que es el Hijo del hombre ?  Le respondieron:  Unos dicen que es Juan el Bautista, otros que Elías,  y otros que Jeremías o uno de los profetas. Y ustedes [preguntó Jesús],  ¿ Quién dicen que soy yo ? ” … Mateo  1:13-15, BNVI. [Enfasis añadido]

Jesús hizo una primera pregunta: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? La misma era una básicamente sencilla. ¿ Qué dice la gente ? Los discipulos no tenían que divagar, reflexionar, filosofar o sacar conjeturas.  Conocían la mayoría  de las respuestas . Escuchaban a diario los comentarios audibles o aquellos que se decían “entre-dientes” sobre su Maestro. Él era el tema de conversación preferido en la vida cotidiana de las aldeas a las cuáles llegaban.  Su Presencia y sus hechos eran notorios; por tal motivo, alguna cosa  tendría  que ser dicha sobre Él. Hagamos un recuento basado en aquello que mencionan los(as) historiadores(as)  y los autores de La Palabra.

Los(as) vecinos(as)  mal intencionados(as) que lo vieron crecer pensaban que era un hijo ilegítimo de Maria, que a José no le quedó más remedio que cargar con un hijo que no era suyo.   Fue burlado y “escarnecido” en medio de su comunidad. Cuando comenzó su ministerio se preguntaban  con cierto desdén : ¿ Y éste no es el hijo del carpintero ?.. .”¿Del que cuya historia sabemos?”…

Los “cuchicheos” entre Fariseos, Saduceos y Escribas  eran los siguientes: “¿Con qué autoridad habla éste?  El no tuvo algún tipo de educación selecta. No fue nuestro discípulo. Tampoco asistió a alguna escuela conocida. ¿ De dónde pués,  le viene tal sabiduría ?  Pero,  ¿ Con qué moral puede venir a hablar de la Torah (aquél que vino de una relación pre – marital inmoral) ?”. ..

Lo perseguían. Disfrutaban acosándolo. Constantemente estaban tras sus pasos. Trataban de ridiculizarlo en público. Le hacían preguntas con la intención  de incriminarlo. Provocaban a las turbas a su alrededor para crear disturbios. Querían apedrearlo porque; para colmo de los colmos,  también “era un blasfemo” que se hacía pasar por Hijo del Dios Altisimo, por el Mesías  esperado.

Las personas que lo frecuentaban; ya fuera en reuniones públicas o privadas, no tenían la mínima idea de quién era Jesús. Se podría decir con más exactitud:”Clueless”. Sin pista para resolver el caso….Les gustaba escucharlo ya que de Su boca provenía sabiduría llena de autoridad de lo alto. Y hablaba de justicia y de paz  (Mateo 7:28-29). Sólo un grupo muy ínfimo de personas guiadas por el Espíritu Santo, entendieron; en el tiempo preciso que había que entender, quién era Jesucristo:  Los Sabios de Oriente, Simón el justo, Ana la Profetisa, Juan el Bautista, Simón Pedro y María de Betania.

Judas Iscariote fue un vivo ejemplo de NO entender. Él reflejó lo que había en el corazón de la vasta mayoría del pueblo. Creia; como todos ellos, que Cristo sería el  que enfrentaría a Roma para liberar al pueblo de  Israel. El discípulo caminó, comió, bebió, durmió,  bautizó, predicó y liberó endemoniados junto a Él. Fue su compañero de vivencias. Vió sus portentosos milagros, pero no podía comprender el  Ser y Propósito de Su Maestro. El mensaje de su Rabí: “poner la otra mejilla”, “camina la milla extra con tu enemigo”, “reconcíliate con tu adversario”, le era incoherente (Mateo 6:38-48). ¡ Por eso lo entregó !

Y le tocó la interrogante cuestión  a SUS discipulos:” ¿Y USTEDES, quién dicen que Yo soy?”

El cuestionamiento no fue hecho para saciar una duda de su Alma o Espíritu  en referencia a la opinión de los(as) demás; porque, Él sabía lo que había en el pensamiento y en corazón del hombre  (Mateo 9:4, Lucas  5:21-22). Tampoco para afianzar su poder. El reconocía lo que le fue conferido (Mateo 11:27). El mismo, llevaba en sí una intención muy clara: confrontar a los discípulos con sus opiniones, conjeturas y expectativas versus la realidad de  Su Esencia  y  Su asignación.

Él no necesitaba ser re- afirmado. Se conocía a Sí Mismo. Sabía que Su Identidad terrenal  estaba alineada a Su Propósito.

Por tal razón: dejó atrás la su aldea (aquella que no aceptaba y  apedreaba a sus profetas), y sacudió Sus piés. No cayó en la trampa de los Sacerdotes y Escribas, no complació los deseos de Su madre y hermanos (Marcos 3:31-35), ni los anhelos de Judas Iscariote. No le hizo caso a los insultos de la masa popular. Siguió adelante con Su encomienda,   reconociendo íntimamente Quien era y por ende que vino a hacer.

Por estas importantes e indubitables razones; cuando lo presentaron ante Poncio Pilato, solo dijo:”¡ YO SOY!”

Y yo,  digo como Shakespeare: “Ser o no Ser” (“To Be o no To Be”): ¡Esa es la cuestión!

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