De acuerdo a nuestro fiel amigo Google, la palabra rebelarse significa; entre otras cosas: “Poner total resistencia una persona o a una cosa, especialmente a algo que se impone por la fuerza o por costumbre” ….Y yo, como alumna fiel a mis  clases de Español, seguí al pie de la letra la definición y comencé a rebelarme contra todas las cosas impuestas; sobretodo aquellas que yo entendía  no tenían razón de ser.

Comencé a poner resistencia ante  opiniones, pensamientos, enseñanzas, situaciones y eventos que entendía eran injustos (as), ilógicas y/o irrazonables. Comencé a cuestionarme, a hacer preguntas; esas preguntas que a muchos y algunas no les gustaba escuchar y mucho menos contestar; porque tal vez tendrían que hacerse los mismos cuestionamientos, y evitar el sentir  que se les jamaqueaba su mundo perfecto.

Entonces, empezaron los “Por que”: ¿Por qué tengo que hacerlo? ¿Por qué tengo que hacerlo yo, si mi hermano no lo hace? ¿Por que tienen que hacerlo las mujeres, si los varones (tampoco) lo hacen? ¿Por qué tengo que aceptar lo inaceptable? ¿Por qué tengo que quedarme callada? ¿Por qué no puedo preguntar o protestar? ¿Por qué no puedo exigir un trato justo? ¿Por qué las cosas siempre tienen que ser de la misma manera? Éstas preguntas normalmente recibían la misma contestación de boca de mi madre: “Es la ley del embudo. La boca más ancha es para el varón y  la más estrecha para la mujer. Las damas mayores de la familia Me decían:  ¡Así es el mundo! Y yo, cada vez que recibía esa respuesta (genérica), ¡me carcomía por dentro!!!

Los por qué eran un desafío a mí misma, a los(as) demás y un reto. A mí misma porque exigían algún tipo de acción ante lo que me provocaba malestar. A los(as) demás,  porque los (as) confrontaba y les requebrajaba su mundo. Ese mundo ideal que habían creado y que tanto les convenía mantener. Ideal para los hombres, porque eran los grandemente  beneficiados. En cierta medida, ideal para las mujeres porque era mas fácil y menos riesgoso mantener el “staus quo” de las cosas, de los asuntos incómodos  que evaluarlos y cambiarlos si fuera necesario. Socialmente; en todos los ambitos, permeaba “a sotto voce” la misma expresión: “En un mundo tan bien acomodado para los hombres, los que rigen el mundo ¿Por qué cambiar? Si todo funciona de maravilla…. ¿Qué hay que mejorar?

Para mí una cosa sí era cierta: no era un mundo fácil de encajar… ¡Mi pieza (yo), no encajaba y no quería encajar en ese rompecabezas !

El luchar o ir en contra de lo acostumbrado y establecido tiene sus desafíos. Y si  lo que deseas retar o cambiar tiene que ver con derechos para la mujer aún mayores éstos serán. No solo era el tener que enfrentar una sociedad tradicionalmente machista, sino enfrentar a mujeres que; sin saberlo con sus mismas actitudes, fortalecían este paradigma.

Ésto, me creó fama de “rebelde”. Y con esa supuesta rebeldía, decidí no ajustarme a las normas de una sociedad injusta dirigida por “la ley del embudo”. Decidí  seguir preguntando. Decidí no callar ante las injusticias. Decidí no aminolarme. Decidí seguir socavando el sistema, “la muralla de la desigualdad” y  dar la buena batalla.  Decidí no aceptar lo inaceptable. Decidí caminar  y descubrir nuevos senderos para mí y para otros (as). Decidí abrir caminos. Decidí ser punta de lanza. Decidí romper esquemas. Decidí allanar obstáculos para dejar el legado de una  mejor sociedad a mis hijos(as), nietos(as), bisnietos(as), etc….. Decidí igual a las mujeres de mi estirpe: Ser una mujer fuerte!

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